Emojis que te dejarán sin habla #internet

Cuando una imagen vale menos que mil palabras.


Hay quien sostiene que poco a poco la escritura volverá a ser el privilegio de los escribas. Nos hemos acostumbrado a zanjar cualquier conversación con un pulgar levantado, una cara sonriente, una lagrimita, un besito o una gota de sudor. Así son los emojis, una sentencia que no admite matices… a no ser que empleemos palabras.

“Palabras”, que palabra más agotadora

Pero si llevamos años, lustros, décadas, tratando de acortarlas: hla!! wenas!! ns vms mñn,xoxo.

El problema empezó por ahorrar unos céntimos; había que abreviar y condensar las palabras de los sms. Pero ya antes, en 1982, un tal Falhman, profesor universitario, inventó la abreviación de gestos. Usó en un mismo mensaje las secuencias de caracteres ASCII 🙂 y 🙁 , para expresar alegría y tristeza. Luego vino el guiño 😉 , el asombro :-o, sarcasmo :-[ , besos :-*. Desde entonces, el emoticón se expandió sin remedio, alcanzando de lleno los emails y la mensajería instantánea de chats tipo AOL o messenger.

Los primitivos emoticones en código ASCII dieron paso a los estilizados emojis, término japonés que significa imagen + letra. Exitosas figurillas prediseñadas cuyo uso se ha disparado con los smartphones. Con ellas se acabó definitivamente eso de emplear mayúsculas sin ton ni son, también el uso exagerado e inapropiado de los signos de puntuación, la repetición de vocales para enfatizar palabras; etc. Todas estas estrategias ya no hacen falta. La hegemonía de los emojis en el mundo digital es total, y por eso suscita enemigos acérrimos e idealistas defensores (apocalípticos e integrados).

¡Ecribid rápido, malditos!

Los teóricos apocalípticos defienden que los emojis limitan nuestra expresión a cero palabras, además de estereotipar las emociones. Son contrarios a la misma escritura, que siempre se ha cocinado a fuego lento, incluso contrarios al lenguaje no verbal, ése que sigue necesitando de nuestro cuerpo físico. El uso de los emojis nos viene al pelo para ser claros y rápidos en este mundo sin freno de la comunicación digital. Pero una cosa es que en apariencia seamos claros y otra, muy distinta, que lo seamos de verdad. Que pongamos una carita pensante no significa que estemos cavilando. Dicen los apocalípticos que todo es una farsa que limita nuestras “competencias instrumentales de síntesis”, incluso la coherencia de las ideas. Empezamos abreviando las palabras y hemos terminado sustituyéndolas por muñequitos. Los emojis -finalizan los apocalípticos- pueden llegar a suplantarnos. El sujeto se desdibuja, se ausenta o se esconde detrás de un avatar.

Los integrados, mucho menos trágicos, aseguran que la expansión de los emojis colabora en un nuevo tipo de comunicación universal que nos hace más humanos y más cercanos. Simpáticas figurillas de colores, una mezcla ideográfica que optimiza el uso de las palabras. Nuevos modos de encuentro, dicen, nuevas formas de hablar que no permiten las obsoletas palabras.

Todo esto estaría muy bien, intervienen los apocalípticos, si además de volvernos más bobos no fuera un lenguaje impuesto por el sistema para que dediquemos nuestra vida a sus redes; como millones de pececillos capturados indiscriminadamente por un barco arrastrero.

Atrapados en la red

Se simplifica el lenguaje para que case en los espacios de los nuevos canales, para que se adapte a esa comunicación rápida y efímera que nos condena -dicen unos.

Y las emociones, en este purgatorio, no deben admitir más ambigüedad que la necesaria:

Alegría, Confusión, No quiero mirar, Tristeza, Emoción, Calor, Sorpresa, Complicidad,Gratitud, Burla, Admiración, Saludo, Vergüenza, Negación, Broma, Afirmación, Amor/Cariño, Silencio, Enfado/Frustración, Bondad, Amenaza, Enfermedad, Duda, Maldad, Acuerdo, Agradabilidad, Sin palabras, Tranquilidad, Interés, Esconderse…

Pero los avatares han evolucionado, y su número ha crecido y se han diversificado tanto en forma como en intención, sostienen los integrados. En la actualidad formarían un grupo complejo cuya interpretación es muy dependiente del contexto. En su opinión, la ambigüedad humana vuelve a estar de moda. Además, aseguran que en la formación de este idiolecto puede participar cualquiera, pues su desarrollo es muy democrático. Todo el mundo puede presentar una propuesta para un emoji; basta con presentar un dibujo apropiado, libre de derechos, suficientemente reconocible y diferente de otros emojis existentes.

Ya claro -atacan los apocalípticos-, eso no te lo crees ni tú.

 

Unicode nuestro que estás en los cielos

Los emojis dependen del Unicode: una especie de megadiccionario universal donde cada caracter o símbolo tiene asignado un número. ¿Y quién decide el Unicode? pues The Unicode Consortium.

Con el “consorcio” hemos topado.

¿ Y quién forma dicho “consorcio”: prestigiosos psicólogos, afamados lingüistas, sesudos informáticos, antropólogos marxistas, sociólogos de postín, academias culturales, fundaciones altruistas, ong’s semánticas, universidades de distintas partes del orbe, Estados nacionales? No hombre no, eso sería demasiado complicado. Los miembros del consorcio son mucho más pragmáticos: Google, Facebook, Apple, IBM. Microsoft, Adobe, Netflix, Symantec, SAP, Oracle…

The Unicode Consortium es como la Tyrell Corporation de Blade Runner, crea emojis más humanos que los humanos, asignando un nuevo número a los nuevos símbolos. Los emojis podrían ser infinitos y convertirse en la medida de todas las cosas. Ya lo son en twitter y en WhatsApp y en 2015, el Oxford Dictionaries eligió “emoji” como la palabra del año. La imagen-letra es la palabra del año, asombroso  😮

De acuerdo, dicen los integrados, pero “el consorcio” es una asociación sin ánimo de lucro, y las decisiones las toma un Comité Técnico, y como todo proceso de toma de decisiones a veces se adoptan algunas que son polémicas; pero el error no anula por sí mismo los principios democráticos del Consorcio.

¡Maaaande!, que levante la mano quien tenga un amigo que haya “patentado” un emoji. Que todo el mundo sabe que para proponer oficialmente un emoji hay que preparar un documento bastante detallado, que la página de instrucciones a tal efecto contiene 2.676 palabras, que entre otras cosas se valoran factores como la compatibilidad y el nivel esperado de uso, que además de presentar un dibujo apropiado, debe estar libre de derechos, ser suficientemente reconocible y diferente del resto de los emojis preexistentes y existentes. No sirven los emojis que sean demasiado específicos, ni demasiado generales, que sean representables por otro, que sean representativos de una marca o producto de una moda, etc.

Determinar si un emoji cumple o no con todos estas condiciones -al alcance de cualquiera- puede tomar más de un año. Si todos los requisitos son correctos, la propuesta pasa al Comité Técnico. Pero, oh sorpresa, cómo se aceptan y qué ocurre dentro de las reuniones del Comité no es información de dominio público.

Osea, que si aceptan el nuestro bien podrían mandarnos un was con el pulgar hacia abajo, que es en realidad como la plebe salvaba a los gladiadores.  El pasó de los siglos levantó el pulgar e invirtió su significado, pero sólo para fastidiarnos. Así se impuso lo políticamente correcto.

 


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