El principio de todo fue el cassette #música #internet

 

Si se piensa bien,  y aunque pueda parecer exagerado, el origen de nuestros patrones de comportamiento en las redes sociales ya fueron anticipados por el intercambio de cassettes y la creación expresa de mixtapes y recopilatorios;  con nuestras listas, nuestros favoritos, incluso nuestras voces para compartir con los amigos .

Hasta que no llegó el cassette era impensable mezclar nuestras preferencias musicales. El vínilo era un soporte demasiado rígido, las canciones estaban atrapadas sin remedio en su interior y las cassettes las rescataron. Nos intercambiábamos discos, que eran listas cerradas, pero el cassette marcó una nueva tendencia a la hora de compartir, liberando las canciones de sus álbunes y anticipando lo que haríamos a partir de entonces con los CDs y el resto de soportes digitales.

Hablar de cassettes no es un anacronismo cultural. La forma en la que creamos y consumimos mixtapes se parece demasiado a la forma en que consumimos redes sociales. Las cintas fueron una tecnología inferior en muchos sentidos: la caja se abría mal, el sonido era de mala calidad, el avance y retroceso rápido era irritante, se atascaban sin remedio y pasábamos el tiempo volviendo a enroscarlas con métodos primitivos. Pero hacer un mixtape de 90 minutos con nuestros gustos – y acorde a nuestro estado de ánimo-  era todo un arte; una experiencia única a la que dedicábamos nuestro tiempo sólo por el afán de compartir el resultado. Rotulábamos, hacíamos anotaciones, detallábamos los títulos del contenido, nos esmerábamos en las dedicatorias. Era nuestro mix y estábamos orgullosos de él.  Habíamos tematizado nuestros intereses musicales, nos habíamos sorprendido por el efecto de serendipia que ocurría cuando colocábamos canciones dispares unas detrás de las otras. Creíamos haber logrado una expresión propia y, si a los demás les gustaba, seguíamos haciendo mixes bajo demanda, esperando respuestas y mensajes directos de nuestro público.

La fórmula cassette no fue la invención de Internet pero sí de lo que hacemos con Internet. Ahora no sólo compartimos canciones, sino fragmentos de películas, vídeos personales, escenas sorprendentes, productos de moda… compartimos también nuevas aplicaciones que nos ayudan a seguir compartiendo.  Hemos construido toda una cultura alrededor del hecho de compartir cultura.

Pero también se ha perdido algo por el camino. El origen de un buen mixtape era un principio de organización, un tema. En las redes sociales esta base se ha perdido, pues a menudo el tema nos viene un tanto impuesto y forzado. Los autores del mensaje a compartir se diluyen en efímeros hashtags y grandes muros de publicación.  Ya no se comparte en comunidad, ni de forma realmente emocional, sino que se comparte en un proceso atomizado y, a menudo, aleatorio. En muchos casos el ruido en la conversación es lo dominante: cacofonías y yuxtaposiciones discordantes.

Los mixtapes son una buena metáfora de las redes sociales pero incluían un tono personal que se ha perdido. Recuperarlo quizás sea un nuevo salto cualitativo que debe afrontar la comunicación en la red.


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