El futuro es Liliput #sociología #medioambiente

 

Un planeta con  7 billones de habitantes es cada vez más insostenible. Pero la cosa cambiaría si redujésemos nuestra estatura a la altura de un pollo. Si midiésemos 50 centímetros no seríamos mayores que un recién nacido y consumiríamos sólo el 2% de los alimentos y combustibles que consumimos en la actualidad.  Se pondría fin a los problemas de superpoblación, de contaminación, de escasez de agua, de alquileres por las nubes…

Los seres humanos en miniatura podríamos disfrutar del consumismo sin restricciones, estaríamos libres de preocupaciones ambientales, no agotaríamos ni los recursos ni pondríamos en peligro nuestro hábitat; al menos hasta que no alcanzásemos los 350 billones, es decir, 50 veces más humanos que en la actualidad.

Durante los últimos 2 millones de años  la altura de los mamíferos pertenecientes al género Homo ha aumentado gradualmente. Pero sólo en el último siglo, nuestra especie ha crecimiento sin precedentes, con un aumento de más de 10 centímetros de promedio. Los ejemplos más extremos se encuentran en Japón, donde la altura media se ha incrementado en casi 15 centímetros, y especialmente en los países bajos:  más de 20 centímetros.  Y este repunte, dicen los expertos en genética,  no es debido a la selección natural sino a un exceso nutricional generación tras generación.

Una adecuada alimentación agudiza la vista, hace que los huesos sean más fuertes y reduce, por ejemplo, el riesgo de padecer Alzheimer o de infartos de miocardi0. Pero el aumento en la estatura no es ninguna ventaja. El exceso de altura echa al traste los beneficios mencionados: disminuyendo la esperanza de vida, precisamente por aumentar el riesgo de padecer infartos o diabetes. Además, los desajustes en la hormona del crecimiento favorece  los errores genéticos y, consecuentemente, la posibilidad de contraer un cáncer.

Las personas altas tienen menor esperanza de vida. Aunque para nuestros antepasados era bueno ser grande  — para vencer a sus depredadores y conservar la energía térmica en el frío invierno-, esto ya no es así, al contrario. Esas amenazas no persisten y ser grande ya no es necesario.

Incluso si nuestros cerebros fuesen más pequeños tendríamos más ventajas: seríamos más sociables y civilizados -según los estudios recientes de prestigiosos antropólogos.  Los lobos tiene un cerebro mucho más grande que los perros, pero los perros son mucho más inteligentes.

Habrá quien sostenga que medir 50 centímetros nos haga muy vulnerables, por ejemplo ante cualquier gato de andar por casa.  Pero sólo con reducir la estaura media unos 15 centímetros, y revertir el aumento del último siglo, estaríamos en mejores condiciones de afrontar nuestro futuro en el planeta. Hablaríamos de una reducción de masa corporal de un  23 por ciento para los hombres y un 25 por ciento para las mujeres.  Y de una reducción de 15-18 por ciento de la tasa metabólica. El efecto sobre el consumo de recursos no sería lineal, sino exponencial.

¡A empequeñecerse!

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