El carnaval del ego #cine

 

Eyes wide shut es una película esencialmente carnavalera, muy apropiada para ver estos días de desinhibición.
Además, pocas historias engañan al espectador sin miramientos, haciéndole picar en un anzuelo sabroso para después devolverlo al agua ingenuo y sorprendido, como un pez aturdido en medio de una pesca sin muerte.

En 1999, “Eyes wide shut” quiso venderse como el último ensayo del maestro. Aquello iba de sexo y de relaciones conyugales. Kubrick ya había ensayado sobre todos los temas básicos del mundo contemporáneo: el hombre en el universo, la locura, el sistema, la guerra, la exclavitud, el miedo, las obsesiones, la burguesía.

Sea de sexo, que también, lo que nadie le podrá negar a la última película rodada por Stanley Kubrick -16 años después-, es el manejo de las artes de pesca, la técnica depurada de su cámara, el ritmo indómito, sin tregua, la pausa exacta… Y picas.

Poco importa que te engañes de veras o sólo con la imaginación, que lo hagas en público o en privado, el caso es que siempre habrá quien examine nuestra conciencia y observe nuestro cuerpo detenidamente desde las tribunas, saludándonos escueta y misteriosamente para dar un toque de atención a nuestra conducta desviada.

Y ¿quién sería aquella mujer? ¿y dónde habré metido yo aquella máscara? ¿por qué no logré pasar desapercibido? ¿qué piensa ella? ¿hay algún culpable?

En el fondo, a los que nos gustó en su día la última película de Kubrick no podemos hacer otra cosa que tirar alguna flor más sobre su tumba, y tener un recuerdo en su memoria siempre que suene el ritmo de su música o nos perdamos en acciones carnavalescas.


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